Siento más, escucho menos.

Si bien es cierto que reivindicamos constantemente el hecho de sentir: emociones, sensaciones, experiencias…

“Hay que sentir más y escuchar menos.” Me digo muchas veces a mí misma. Y funciona, me regenera por dentro, me aclara la mente y disfruto más con lo que hago. Sin embargo, como en todo también está el famoso “PERO…“. Y es que he aprendido que el equilibro nos mantiene erguidos y además nos da esta perspectiva moral hacia nuestra más pura naturaleza.

(Leyendo hasta aquí es muy normal que quieras preguntarme que me he tomado, pero nada. Tranquilos todos. A veces se me va de las manos reflexionar.)

Entre tanta introspección para sentir y conocernos a nosotros mismos, que repito, es IMPRESCINDIBLE. Creo que nos hemos pasado al otro extremo. Es que ahora no escuchamos tanto. Claro, es lógico. Las personas se centran en sí mismas y están tan y tan concentradas en lo de cada uno, en sí mismo, en el interior… que cuando algo o alguien nos invade un pedacito de nuestra propia burbuja (véase como pensamiento, opiniones, estilo de vida) pues respondemos con ataques y a la defensiva (desmesurada) hiriendo, como suele ser habitual, a nuestro amigo, hermano, compi.

De  esto saco tres conclusiones:

  • Escuchamos menos.
  • No escuchamos menos porque estemos centrados en otra cosa.
  • Nos centramos en otra cosa porque todavía no hemos aprendido a escuchar.

Esto no lo digo porque sí y punto. La etapa más importante de la vida, en la que todo lo aprendemos es de los 0 a los 6 años. Es la etapa de mayor desarrollo físico, mental y cómo no, emocional. Por suerte ahora los más pequeños en las escuelas trabajan la inteligencia emocional a través de juegos que les ofrecen miles de estrategias que aprovecharan en su vida adulta.

Nosotros no tuvimos esa suerte y no pasa nada. Porque por lo menos nos hemos dado cuenta, para eso la evolución de la especie humana.

El caso es que todos deberíamos hacer el esfuerzo por aprender a escuchar. En infinitas ocasiones oímos, pero no escuchamos. Si por alguna remota casualidad hemos escuchado, pues evidentemente, fallamos en la comprensión. Porque no entendemos lo que se nos dice. Porque fallamos en la comunicación.

Os lo cuento de forma pragmática, cuando nos critican, por ejemplo. Lo primero que te aconsejan es “no escuches las críticas”, “pasa de todo”.

El consejo es bueno hasta cierto punto. Claro que no podemos enfocarnos en opiniones destructivas y que nos duelen, pero si en vez de intentar ignorar hacemos un trabajo para lidiar con ellas las cosas cambian.

Puede que eso no sea tan malo, que aprendamos y que nos aporte una nueva experiencia. Es un error ignorar lo que se nos dice cuando no nos gusta o consideramos que nos hace daño, porque eso es lo que pasa y a lo que recurrimos una y otra y otra y otra vez. Automáticamente cuando algo no va con nosotros sea bueno o malo, lo metemos en el cajón de ignorar y problema resuelto.

En el caso de las críticas hay que escuchar lo bueno y lo malo, hacer un esfuerzo por entender, y aquí está mi conclusión, debemos hacer un GRAN esfuerzo por escuchar y entender las palabras (críticas) negativas porque nuestra pésima inteligencia emocional nos ha llevado a la confusión de expresar nuestros propios deseos y sentimientos en el reflejo negativo del otro.

Aquellos que machacan, que critican con malas intenciones una y otra vez, sólo están sacando su necesidad. Todo ese chorro de negatividad es un cúmulo de carencias que viene derivado de una poca o nula autogestión emocional.

Dicho esto, os propongo hacer este ejercicio: comprender. Ir un poquito más allá. A mi me ayuda a no quedarme sólo con las palabras.

Aquí termina mi reflexión, me encanta leer siempre vuestros comentarios e historias así que por aquí os espero.

Mil besitos.

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1 Comment

  • Reply
    HeeLs In A BubBle
    2 noviembre, 2015 at 9:40 am

    Quanta veritat! Jo sempre saltava a la defensiva precisament per no escoltar i no comprendre. Però estic aprenent parar, escoltar, analitzar el contingut de les paraules, les emocions que aquestes em provoquen, i a partir d’aquí, escollir si me les vull quedar o les vull deixar marxar. En el fons, es viu més tranquil (que no amb passotisme).
    Una gran reflexió!

    Un petonás bonica!!!

    Marta

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